Introducción

Entre los años 1914 a 1945 la Humanidad se vio sobrecogida por profundos cambios políticos, socioeconómicos, tecnológicos y culturales que alteraron la visión que tenía de sí misma, al precio de millones de vidas en los diversos conflictos bélicos que tuvieron lugar en ese periodo, incluidas las dos guerras mundiales (la llamada en su momento Gran Guerra entre 1914 y 1918, y la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945). 

El mundo de 1946 no tenía nada que ver con el que había existido apenas 33 años antes, en 1913. No sólo el contexto geopolítico era completamente distinto y había surgido multitud de nuevos Estados antes inexistentes: la naturaleza de los Estados y las relaciones entre ellos no tenía tampoco nada que ver. 

Quienes en 1913 preveían un futuro de esperanza basado en el crecimiento económico, el desarrollo cultural y científico, la desaparición de las desigualdades socioeconómicas o la disminución de los conflictos nacionales, en 1946 o simplemente habían dejado de creer en tales utopías o habían muerto, bien por simple biología o en las guerras que habían tenido lugar desde entonces.

Al horror de la Gran Guerra le había sucedido el surgimiento de dos ideologías totalitarias como el comunismo y el fascismo, que alteraron la política del planeta. Al expansionismo militarista se había unido el expansionismo económico, que sufrió un fuerte golpe con la crisis posterior al crack bursátil de Wall Street. Una extraña mezcla de todo ello llevó a la Segunda Guerra Mundial, que expandió la guerra y el terror por casi todo el planeta. 

El conocimiento científico y el desarrollo de la tecnología, acuciadas por la guerra, expandió la capacidad destructiva de los humanos hasta un punto que, tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, hacía peligrar hasta la propia existencia de la Humanidad. Fue un periodo tan convulso que vio surgir dos grandes bloques, antagónicos en casi todos los aspectos humanos, que el simple hecho de pensar en el futuro se tornaba algo desalentador.  

Y, sin embargo, aquí seguimos décadas después, observando cómo ninguno de aquellos males ha desaparecido, sino que nuevos actores se comportan con las mismas tácticas de control y dominio sobre sus semejantes, sin haber aprendido casi nada de la miseria que nos legó aquel periodo histórico. 

Para muchos de los que nos gusta la Historia, incluso de los que nos apasionamos leyendo sobre aquel tiempo terrible sabiendo que había pasado, leer sobre el mismo y analizar qué y por qué ocurrió todo aquello, sigue siendo interesante. Y a algunos nos horroriza ver que ciertos individuos sin conocimiento alguno de aquel periodo intenten revivirlo. 

Confío en que de la lectura de aquel apocalipsis surjan en cambio otras personas que, como yo, lean sobre la guerra para aprender que, de la misma, lo mejor que se puede aprender es el amor por la Paz.

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