La industria del motor en la infraestructura bélica
Durante la primera mitad del siglo XX la mecanización se había desarrollado de tal modo que había alcanzado sobradamente a todo tipo de transportes y, con ello, se había aplicado a medios marítimos (buques), terrestres (locomotoras y automóviles), y al nuevo medio de transporte aéreo (los aviones).
Los Estados de la época, dando prioridad en dotar a sus Fuerzas Armadas de las mejores innovaciones, también de transporte, se apoyaron en las grandes Corporaciones industriales y financieras para conseguir los mejores y más poderosos modelos de buques, locomotoras y automóviles, y de aviones, especialmente adaptados para la guerra, como forma de obtener la supremacía sobre sus adversarios.
Los medios de transporte se convirtieron pues en el puntal tecnológico de la capacidad bélica, y estos se sustentaban principalmente en el elemento que hiciera posible su movilidad: el motor de combustión.
Desde luego, otros elementos eran necesarios para la eficacia de estos medios de transporte, como la carrocería, la transmisión, la suspensión y el montaje, junto con las tripulaciones de tales medios de transporte, así como una correcta red de infraestructuras.
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