Instalaciones de un aeródromo
Obviamente, un aeródromo precisa de una o varias pistas de despegue y aterrizaje de aviones. La disposición de las mismas suele tener en cuenta aspectos como la facilidad de ambas acciones, lejos de obstáculos próximos, con vientos favorables y, en la medida de lo posible, sin otros impedimentos climáticos (algo difícil de conseguir), incluso con escasez de aves en los alrededores.
El tamaño de las pistas, tanto a lo largo como a lo ancho, dependerá del tipo de aviones que las utilicen. Cuanto mayor sea la aeronave, más extensión tendrán las pistas. Y cuantos más aviones las utilicen, más pistas se construirán, aunque habitualmente con tres suele ser suficiente (dos en paralelo, y una tercera cruzada).
Un aspecto esencial de cualquier pista para aviones es que sea lo más plana posible, sin ondulaciones. Parece obvio, porque de no ser así se dificultaría, incluso impediría, el despegue y el aterrizaje. Mantener las pistas despejadas de posibles obstáculos esporádicos (piedras, objetos arrojados por el viento...) es clave, así como el mantenimiento de las mismas para evitar baches.
Tras la creación de la Luftwaffe en 1935, se procedió a la creación de numerosas instalaciones militares para albergar sus unidades por toda Alemania. Estos aeródromos establecidos antes de la WWII estaban en inmejorables condiciones, pero durante la contienda debieron construirse nuevos y numerosos aeródromos y no siempre se contaba con los recursos adecuados, ni siquiera con el tiempo preciso para su construcción.
La Luftwaffe desplegaba un equipo de zapadores que desbrozaban y alisaban el terreno, en un rectángulo estándar de 1.200 x 50 metros. Sobre esa zona, se extendían rejillas metálicas que fijaban con clavijas al suelo. Si las pistas iban a ser usadas ampliamente por bombarderos pesados, podían alcanzar más metros de extensión, y estar recubiertas con piedra triturada que, naturalmente, tenía que ser prensada para alisar la pista al máximo. Pero lo habitual es que no superasen los 1.000 x 50 metros.
Otra opción, y de la que apenas he obtenido información, es que muchos tramos de las conocidas autopistas del III Reich (autobahn) fueron habilitados para que, en caso de necesidad, fueran utilizados como pistas extraordinarias para el despegue y aterrizaje. Desde luego, es bastante plausible que fuera así. Incluso que ciertos tramos con túneles fueran empleados para el ocultamiento de aviones, como hangares improvisados.
La señalización de las pistas y su iluminación se conseguía mediante dispositivos fácilmente transportables, y que rápidamente se colocaban donde fueran necesarios. Después de esto, se hacía una precaria torre de control, aunque en la mayoría de los casos, no se contaba ni con esto y se llevaban las operaciones de vuelo desde el mismo suelo.
Con todo, en el territorio del Reich sí se solía contar con torre de control y, a partir de la divulgación del radar, había bastantes con esa tecnología. Desde luego, también una pequeña estación de comunicaciones por radio y telefónicas.
Junto con las pistas y la torre, era precisa dotar a los aeródromos de talleres para el mantenimiento y reparación de aviones, de hangares para guarecer los mismos (para simplemente las inclemencias climáticas), de barracones para albergar a las tripulaciones de vuelo y al personal auxiliar de tierra (mecánicos, electricistas, carpinteros, planchistas, soldadores...y una larga legión de especialistas de mantenimiento, tanto para aviones como para muchos otros vehículos – motos, coches, camiones, grúas...-), así como los controladores, los técnicos de comunicaciones...y hasta alguna dotación de bomberos.
Esas personas (y muchas otras, desde luego), precisan de servicios de cocina, comedor, cantina...y otros espacios comunes, para los que hacen faltan más barracones. Hasta incluso barracones para la instrucción de las tripulaciones de vuelo y hasta del personal técnico de las más diversas especialidades.
Y obviamente con ello, de almacenes de víveres, ropa, así como cisternas de agua y, como no, de combustible. Los depósitos de combustible son casi lo más vulnerable de cualquier aeródromo, junto con los propios aviones. Se estima que un aeródromo habitual disponía de depósitos capaces de albergar 25.000 litros de combustible.
Pero, como estamos hablando de aeródromos militares, también era preciso disponer de depósitos de municiones, más aún en el caso de aeródromos que alojaban bombarderos.
Todas esas instalaciones deben además estar protegidas, tanto por tierra como por aire. Se hacía imprescindible contar con una mínima tropa guardia de control en los accesos de los aeródromos del Reich, mayor aún si estaban en territorio ocupado, ante la posibilidad de ataques. Pero lo más preocupante era la probabilidad de un ataque por aviones enemigos, ya por bombarderos desde altura, por bombarderos en picado, e incluso por cazabombarderos o cazas tras combates aéreos.
Para impedir, o al menos disminuir el alcance de esos ataques y los posibles daños, se debía contar mínimo con una batería antiaérea, más en la medida que más importante (por el número de aviones que albergara o por su ubicación estratégica) fuera el aeródromo. Y ello llevaba a que hubiera cañones antiaéreos de todos los calibres.
Claramente, mientras se tuvo la superioridad aérea, esto podía ser secundario. Conforme avanzaba la contienda, hubo que reforzar las defensas antiaéreas y, además, esconder cuantas más instalaciones mejor. Ante ello, una opción fue camuflar todo lo que se pudiera; otra, construir refugios bajo tierra o roca dura e incluso crear refugios con cemento armado, para lo más imprescindible (aviones, depósitos de combustible, de municiones). Todo para permitir el uso continuado de unas instalaciones que se vieron sometidas cada vez más al ataque enemigo.
Y el hecho de que se estuviera en guerra, también obligaba a disponer de una mínima dotación sanitaria, con algún médico, enfermeros, y ayudantes sanitarios.
¿Se mezclaban en un mismo aeródromo aviones de distinto tipo, como bombarderos y cazas? Dada la organización de la Luftwaffe, da la apariencia de que no, pero la practica cotidiana y los imponderables de la guerra hacen presumir que sí podía ser habitual.
| Maqueta de un aeródromo militar de la Luftwaffe |
Así pues, incluso un aeródromo que albergase un ala de caza con unos trece aviones de combate, debía tener una dotación de docenas, incluso varias centenas, de soldados para hacer posible que trece aviadores hiciesen su trabajo habitual.
Ello explica que la Luftwaffe, pese a no tener nunca disponibles más de 6.000 aviones (y apenas 4.000 de ellos operativos en el momento de mayor capacidad bélica), alcanzara unos efectivos totales que superaron los dos millones de uniformados, bien es cierto que una parte considerable de ellos en ramas tales como la artillería antiaérea (Flak) con casi 800.000 miembros, o las propias unidades terrestres de combate, desde la Divisiones de Campo (FeldDivisionenLuftwaffe) que llegaron a casi 250.000 soldados, a las tropas Paracaidistas (que desde 1941 de paracas sólo tenían el nombre), pasando por la única unidad blindada que ha existido en un Arma Aérea: la División Panzer Hermann Goëring, que tuvo en algún momento casi 20.000 efectivos.
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